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La vida que no nos dejaron vivir ~ El renacer de Venezuela 🇻🇪 ~

  • mgpinango
  • 5 ene
  • 4 Min. de lectura

Aquí quiero contar mi historia, porque creo profundamente que, en situaciones tan complejas como la que está viviendo Venezuela, solo deberíamos hablar desde nuestra propia historia.


Cada historia tiene un sentir propio, uno que cada persona reconoce como suyo, y ese poder es inigualable.


A modo de contexto: llevamos más de 27 años en dictadura. Yo tenía solo 5 años cuando Chávez llegó al poder. Lo menciono únicamente para que se entienda que, en mi experiencia, solo conozco al chavismo. Toda mi vida ha transcurrido con este contexto político de fondo. Y sin duda, tu vida es distinta cuando creces bajo una dictadura.


Tengo el privilegio de decir que nunca me faltó nada, que pude estudiar, que sobreviví al mundo universitario en una Venezuela que ya comenzaba su momento más crítico. Que, aunque vivimos la escasez del 2016–2017, logramos salir adelante. Pero sé que esta no fue la realidad de la mayoría de las personas, y eso duele… duele de una forma muy profunda.


Hay quiebres y dolores en la vida que son tan profundos que duelen de maneras que no puedes imaginar y que son difíciles de explicar a quien nunca los ha vivido. La migración es uno de esos.


Porque durante mucho tiempo tienes que resignificar ese dolor, darle otro sentido y aprender a seguir. Y ojo: a todos nos duelen cosas distintas. A mí, por ejemplo, además de separarme de mis papás y de mis amigos, lo que más me costó fue dejar mi casa. Porque, en mi sentir, era —y sigue siendo— un lugar único, seguro, mi refugio. Para mí, era mi paraíso.


(Mi casa en Venezuela ❤️)


Tenía 24 años cuando un día tomé la decisión de emigrar. Un viaje que serían tres semanas de vacaciones a Chile, para visitar a mis hermanos, se transformó en la oportunidad real de quedarme a vivir en un país que no conocía, donde todo sería nuevo. Recuerdo perfectamente que, una noche, un par de semanas antes del viaje, le dije a mis papás:

“Creo que en este viaje quiero aprovechar y quedarme a vivir en Chile.”


Hoy, después de 8 años en Chile, cuando pienso por qué lo decidí, la respuesta es clara: porque sentía que esa era mi oportunidad de construir un futuro y de avanzar de una forma distinta.


Lo decidí porque no quería morir a manos de la inseguridad. Porque no quería ser atacada en la calle por pensar distinto o por marchar contra el gobierno. Porque no soportaba la idea de que la vida se me fuera buscando productos básicos según el número de cédula. O, simplemente, porque no quería vivir con miedo.


Eso fue tan potente que armé mis maletas y me atreví.


Y ahí ocurre el quiebre del que hablaba. Porque ninguna de esas razones tiene que ver con realmente querer emigrar. Te sientes amarrado a buscar un futuro mejor. Y ese quiebre es fuerte, porque a ratos te preguntas qué habría sido de ti si te hubieras quedado en casa.


El dolor sigue siendo uno solo: no estás viviendo la vida que podrías haber tenido en tu país, porque tuviste que huir. Y desde ahí, toda tu vida se reescribe.


Con el tiempo empiezas a acostumbrarte. Encuentras formas de compensar: llamas a casa todas las noches, tienes llamadas de dos horas con tus amigos, y comienzas a construir una identidad distinta en el camino.


En mi caso, no tardé tanto en reconocer a Chile como mi segundo hogar. Eso me ayudó a sanar, a sentirme parte y a construir una vida que hoy agradezco y en la cual soy feliz, esto me permite mirar atrás sin arrepentirme de lo que hemos construido acá. Hoy cuando pienso en mi hogar, pienso en Chile. 🇨🇱 Pero llegar a ese punto tomó tiempo y estuvo lleno de quiebres.


Que todo este contexto sirva para entender que

cuando el 3 de enero capturan al innombrable, mi primera reacción es alegría. Y no es casualidad. Estoy reaccionando a todo lo que hay detrás: a las personas que murieron, a los jóvenes que salieron a las calles y no regresaron, a las madres y padres que despidieron a sus hijos y llevan años sin poder verlos, a quienes sobreviven ganando cada vez menos por una inflación absurda, a quienes ya no están y no pudiste despedir por estar lejos.


No reaccionamos a una “invasión”. Reaccionamos a una vida entera en dictadura. Reaccionamos a la injusticia y a la esperanza de ver a nuestro país libre y feliz.


Esto es clave de entender: llevamos años luchando. Todo lo anterior ya se intentó. Si hoy celebramos que el líder actual del chavismo fue capturado, es porque este es un hito histórico para nosotros. Sabemos el costo que puede tener, y aun así no nos importa.


Porque, ¿qué significa el petróleo cuando nos robaron la vida de nuestra gente? ¿Qué puede ser más importante que eso?


Sabemos que lo que viene será un proceso complejo, pero sin duda este ha sido el hito más importante que hemos vivido los venezolanos en nuestra historia. Y merecemos celebrarlo.


Solo espero que sea para bien y que podamos vivirlo con esperanza.


Una venezolana que salió de su país hace 8 años.


María Gisela

 
 
 

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