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Mi viaje a Venezuela. Parte II: A corazón abierto

  • mgpinango
  • 2 dic 2023
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 13 dic 2023

Esta es la continuación de la primera entrada en la que les cuento mis primeras dos semanas en Venezuela después de cinco años sin volver.


Mi viaje a Venezuela el año pasado estuvo lleno de alegrías pero también de momentos difíciles. Íbamos a Venezuela por dos semanas y terminamos quedándome casi dos meses.


Ya sabes, tenía casi 5 años sin ir a Venezuela. Y un día simplemente sentí que era el momento de volver y la idea de ir de vacaciones se fue haciendo más fuerte, hasta que simplemente compré el pasaje y puse la fecha: Mayo 2022.


Hay cosas que jamás podrías imaginar que pasarían hasta que ocurren. Y ese fue el caso de este viaje.


Justo antes de que nos tocara regresar, mi mamá de un día a otro es diagnosticada con una estenosis mitroortica. En el estadio en el que estaba, era inminente una operación a corazón abierto por un reemplazo valvular doble.


En ese momento, no éramos capaces de entender qué estaba pasando. El mundo se me vino abajo en dos segundos y pasamos de estar en el pick de felicidad más grande en mucho tiempo a tener un montón de miedo e incertidumbre. Y junto con el miedo, todo lo demás pasó a segundo plano. El trabajo en pausa, los planes de regresar también y todo el centro fue lograr salir adelante.


En tan solo tres semanas, logramos encontrar a un equipo médico que nos dió confianza y seguridad de que había un camino por seguir. Comenzaron los trámites, exámenes, preparación psicológica previa, conversaciones familiares. Mucha angustia, pero logramos encontrar un plan que nos daba cierta calma.


Llego el día de la operación: 20 de Junio del 2022.


No les puedo explicar la angustia que puedes sentir un día como este y lo más dificil es que tu entorno se sigue moviendo a la misma velocidad.


No olvidaré jamás la imagén de mi mamá entrando a quirófano y diciéndonos “Ya vengo”. El día más difícil de mi vida y poniéndome muy de cerca de uno de mis mayores miedos (después les contaré acerca de esto).


Pasaron 2, 3, 4 horas... Sabiamos que la operación duraria entre 6 a 8 dependiendo de posibles complicaciones.


Recuerdo que a las 8 horas de operación en la sala de espera antes del quirófano habían al menos 15 personas. Sale el doctor y antes de que pronunciara las primeras palabras parecía que el tiempo pasaba más lento… y en ese minuto el alma me vuelve al cuerpo, el Dr. Torrealba nos mira con su serenidad y nos dice “Todo salió bien”. Nos abrazamos como cuando la gente se da el abrazo de año nuevo. Porque era eso, ¿no? Una nueva posibilidad de vida. Yo sabia que el camino apenas comenzaba, pero era el mejor panorama de todos.


Mi mamá pasó 3 días en terapia intensiva. El jueves de esa misma semana ya estabamos listos para volver a casa. Días, semanas y meses difíciles.


Les cuento esta historia porque ahí, en uno de los momentos más difíciles que hemos vivido. Justo en ese momento, comenzó lo que yo llamo, nuestro renacer: el de ella con un corazón que aprende a latir distinto, y el mío con la emoción de que el viaje tuvo una misión desde un inicio.


De esto aprendimos muchas cosas:


Una de esas es que estar cerca de nuestra gente es muy importante y que estando lejos uno se acostumbra y acostumbrarte a veces te quita tiempo, te pierdes cosas y el tiempo al lado de tu gente vale oro. Lo entiendes a veces de la peor forma.


También entendí de la vulnerabilidad que tenemos cuando nos enfrentamos a situaciones límite y cómo nuestro cuerpo busca adaptarse. Durante todo el proceso me mantuve lo más fuerte posible y solo cuando lo peor había pasado, empecé a sentir lo mucho que me había afectado. Y es ahí, cuando tienes que drenar, fluir, sentir porque el cuerpo cuando callas termina expresandose igual de otras formas.


Aprendimos también a estar a corazón abierto durante todo ese tiempo, sintiendo lo que teníamos que sentir y viviendo lo que nos estaba tocando vivir. Aprendimos que en momentos como estos, estar juntos nos dió la fuerza de salir adelante. Cada uno con un rol y con el apoyo clave de las personas que quisieron acompañarnos.


En Julio del 2022, después de dos meses, regresé de nuevo a casa, al trabajo, a la vida que hemos construido en Chile después de 5 años. Era como si el mundo se hubiera detenido esos meses para poder estar con ellos. Regresé contenta y agradecida porque le salvamos la vida a mi mamá, pero también con la inquietud de querer aprovecharlos, con esa sensación de que la vida es muy veloz y de un día a otro las cosas cambian. Al regresar sentí que estaba viviendo una vida distinta a la que habia dejado antes de irme.


Hoy ha pasado más de un año y medio y hemos aprendido a vivir con un corazón que se escucha como un reloj al latir y con aquellas cosas cotidianas que hay que disfrutar estar viviendo. Seguimos aprendiendo a acompañarla a ella en su proceso de descubrirse en su propio renacer.


Vivimos con un corazón repartido, que está allá y acá al mismo tiempo. Hoy los tengo a ambos acá conmigo y la historia solo nos habla para decirnos que la vida es una estrella fugaz y hay que vivirla con todo, con sus fragmentos, con sus quiebres y con un corazón que es reflejo de nuestro renacer.


Sigan sus sentimientos, si tienen ganas de hacer algo háganlo, si piensan que les gustaría ir a algún lugar, concrétenlo... no solo extrañen, háganlo posible y valoren cada segundo.


La vida es un renacer constante.


María Gisela Piñango





 
 
 

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